"La lectura del mundo precede a la de la palabra"
Freire
He disfrutado mucho esta semana, en clase vimos diversos ejemplos de como la lectura no necesariamente se refiere a leer las palabras escritas. Leemos los gestos, las actitudes, el vestuario, el silencio... leemos las imágenes, los colores, la naturaleza... todo lo que nos rodea, lo que somos está cargado de diferentes significados, dados por la cultura de la que formamos parte, significados que vamos conociendo y aprendiendo desde que nacemos. Incluso hay estudios que han demostrado que desde que estamos en el vientre materno el feto recibe diversos estímulos del exterior que influyen en la formación de su cerebro y por ende en los conocimientos que va teniendo del mundo del que será parte.
Frecuentemente este capital cultural (Bordieu) con el que contamos influye en la manera en como interpretamos un contexto ajeno a nosotros. Esa incomprensión puede derivar en actitudes de autoritarismo con piel de corrección, y se puede observar en diversos ámbitos. Uno de los ejemplos que mayor significado tuvo para mi es el que menciona Henry Giroux en "La alfabetización y la pedagogía de la habilitación política":
...los educadores que miden el éxito de su enseñanza exclusivamente a través de la corrección ideológica del tema que enseñan. El ejemplo clásico estaría representado por la educadora de clase media que se horroriza ante la discriminación sexual que ejercen sus alumnos varones. Ella responde presentando a los alumnos una variedad de artículos feministas, películas y otros materiales. En lugar de demostrar gratitud por este tipo de lecciones, los alumnos responden con sorna y resistencia. La maestra se siente desconcertada, pues la discriminación de los alumnos parece acentuarse. En el proceso descrito surgen una serie de errores pedagógicos y políticos. En primer lugar, la maestra asume falsamente la naturaleza autoevidente de la corrección política e ideológica de su posición, sin restar atención alguna al modo en que los alumnos generan significados. Al hacerlo asume un discurso autoritario que impide que los alumnos formulen sus propias historias, presentando y analizando las experiencias que ponen en juego. Luego, al negarles la oportunidad de cuestionar e investigar la ideología del sexismo en tanto experiencia problemática, la maestra no sólo invalida la voz de estos alumnos, sino que despliega aten ellos un ejemplo más de la autoridad institucional de clase media, que les dice qué pensar. Como resultado, lo que en principio aparece como una intervención pedagógica legítima de una educadora radical, termina por socavar su propia convicción ideológica al ignorar la compleja relación fundamental que existe entre la enseñanza, el aprendizaje y la cultura de los alumnos.